La industria cinematográfica atraviesa un periodo de incremento en la extensión de sus metrajes, consolidando las películas de larga duración como una tendencia predominante tanto en superproducciones de gran presupuesto como en el cine de autor. Según datos del investigador Stephen Follows, tras analizar 36.431 largometrajes estrenados entre 1980 y 2025, la duración promedio en salas ha pasado de 106 a 114 minutos.
Factores detrás del cambio de formato
Diversos analistas y cineastas vinculan este fenómeno con la evolución del mercado audiovisual. La consolidación de las plataformas de streaming y la competitividad de las pantallas domésticas han incentivado a las salas de cine a ofrecer experiencias de mayor escala para atraer a la audiencia, bajo la premisa de que una mayor duración justifica el costo de la entrada. Alberto Barbera, director del Festival de Cine de Venecia, ha señalado que las cintas de entre 135 y 150 minutos se han convertido en el estándar internacional, lo que en ocasiones complica la programación y la gestión de contenidos.
Perspectivas de la industria y voces críticas
Mientras directores como Joe y Anthony Russo defienden que la duración debe responder a las necesidades narrativas para ofrecer una experiencia inmersiva, otros realizadores optan por una visión distinta. Ryusuke Hamaguchi, con producciones de gran metraje como Soudain (197 minutos), apuesta por ritmos pausados que imitan la temporalidad de la vida cotidiana. En contraste, el cineasta Paweł Pawlikowski mantiene una postura contraria a esta tendencia, priorizando la síntesis narrativa con obras como Fatherland, que cuenta con una duración de 82 minutos, demostrando que la brevedad sigue siendo una alternativa viable y efectiva en el panorama actual.

